Es cierto que con el paso de los años, nuestro ánimo y energía no es la misma. Junto con eso, la conducta también presenta variaciones. Esto muchas veces es un problema, puesto que estos cambios en la forma de ser de un adulto mayor pueden ser un poco más agresivos, resultando un tanto problemático.

Es cierto que con el paso de los años, nuestro ánimo y energía no es la misma. Junto con eso, la conducta también presenta variaciones. Esto muchas veces es un problema, puesto que estos cambios en la forma de ser de un adulto mayor pueden ser un poco más agresivos, resultando un tanto problemático.

En este tipo de comportamiento problemático se incluyen todas aquellas conductas que manifiestan enojo o agresividad por parte de la persona que recibe los cuidados y que incluyen desde gestos o expresiones corporales, como por ejemplo, el ceño fruncido, hasta agresiones físicas, pasando por agresiones verbales, dejar de hablar, etc.

Sin embargo, hay algunas situaciones en donde se el adulto mayor se comporte de esta forma, las cuales pasaremos a detallar a continuación:

Ante la sensación de que se está invadiendo su espacio personal, como por ejemplo, cuando se les ayuda en el aseo. Además, cuando se sienten frustrados por el hecho de poder realizar actividades básicas, como vestirse.
Como reacción ante una acción del cuidador. Por ejemplo, salir de casa puede ser interpretado como un abandono.
Como consecuencia de tener un estado de ánimo deprimido.
Frente a cambios en el entorno cercano o en sus rutinas.
Como efecto secundario de alguna de sus medicaciones.
Como reacción a un estado de confusión.
Ante sentimientos de soledad o por necesidad de atención.
¿Cómo podemos reducir sus niveles de agresividad?

Hay algunas cosas que debemos tener en cuenta para acercarnos a estas personas, con el fin de minimizar sus índices de agresividad, como los que se presentan ahora:

No ocupar la medicación como primera medida: Esto puede generar efectos no deseados en su salud. Lo primero es evaluar diversas estrategias  para mejorar su comportamiento.

Acudir a un médico: Es bueno explicarle al profesional el comportamiento observado y consultarle a qué puede deberse.

Fomentar su independencia: Una de las causas más habituales en este comportamiento, es el sentimiento de frustración que genera la poca dependencia. Al aumentar ésta, se incrementa la confianza y la seguridad de la persona en sí misma.

Mantener rutinas: Los cambios a veces pueden producirse por modificaciones en el horario de acostarse o de las comidas. Si se hacen cambios, hay que hacerlos de forma progresiva.

Objetivos realistas: Es bueno planear actividades al alcance de las capacidades de la persona. Si es algo muy complejo, entonces es bueno dividirla, con tal de que la pueda realizar por sí solo.

Ejercicio: El ejercicio permite que la persona libere tensiones y se distraiga. Esto también es beneficioso en el ámbito físico y cognitivo.

Ignorar la agresividad: El objetivo de estas acciones es llamar la atención y si lo consigue, lo más probable es que se siga comportando de la misma manera. Por lo mismo lo mejor es no darle mayor importancia.

Premiar la amabilidad: Cuando la persona actúe de forma beneficiosa, hay que elogiarla y recompensarla.