En el año 1990, el día 1 de octubre es designado por las Naciones Unidas como El Día Internacional de las Personas de Edad. Ya en ese momento se estudiaban los cambios en  la evolución de la población mundial: En los últimos 65 años, la esperanza de vida ha aumentado en 22 años!!!, y se calcula que  en el año 2050 en el mundo habrá más personas mayores de 60 años que niños.

En el año 1990, el día 1 de octubre es designado por las Naciones Unidas como El Día Internacional de las Personas de Edad.

Ya en ese momento se estudiaban los cambios en  la evolución de la población mundial: En los últimos 65 años, la esperanza de vida ha aumentado en 22 años!!!, y se calcula que  en el año 2050 en el mundo habrá más personas mayores de 60 años que niños. Además, dentro de ese grupo de edad se prevé que dos tercios serán mujeres.

En estos días la situación de las mujeres de edad es peor que la de los hombres, ya que se enfrentan a enormes desigualdades como consecuencia de los roles de género tradicionales al que han ajustado sus vidas.  Estas relaciones de género influyen en el acceso a los recursos y las oportunidades que finalmente determinarán los elementos necesarios para envejecer con dignidad. 

Tanto en su trayectoria vital  (acceso a la educación y al empleo, obligatoriedad de asumir cargas domésticas y familiares en solitario) como en el momento de la vejez, las mujeres siguen siendo tratadas desigualmente, por lo cual las mujeres de edad tienen más probabilidades de ser pobres que los hombres. Además, hoy día observamos que se tiende a facilitar para un adulto mayor varón la obtención de ayuda a la dependencia en igualdad de situación de dependencia a una mujer mayor. Se sigue  considerando a la mujer como la cuidadora natural del núcleo familiar y se tiende con más frecuencia a facilitar ayuda a un hombre dando por hecho que no es capaz de limpiar y cocinar o de cuidar de su pareja enferma o demenciada.

Así, nos encontramos con mujeres mayores de 70 años, que siguen cuidando  de su esposo  o  progenitores ancianos de 90 o más años con un grado de dificultad físico y de desgaste emocional enorme.
El envejecimiento y los problemas derivados de su crecimiento en número de personas afectadas y en grado de vejez (envejecimiento del envejecimiento) y su feminización plantean un reto para las familias y para la sociedad  en su totalidad. ¿Qué recursos requiere garantizar la debida ayuda a una parte de la sociedad cada vez más grande y que demanda más atención médica, psico-social, de atención en su domicilio o en residencias y que hace mucho que dejó de colaborar en el sostenimiento del sistema?

¿Seremos capaces de priorizar y replantearnos  la percepción actual sobre las personas de edad y el empleo, los mecanismos de atención para este colectivo, los sistemas de apoyo intergeneracional dentro de las limitaciones financieras de las familias y la administración?

En estos momentos se tiende a políticas basadas en el principio de envejecer activo y el principio de la autonomía personal, con objeto de que las personas de edad mantengan una vida independiente en su casa, con servicios e instalaciones que satisfagan diversos tipos de necesidades como la ayuda a domicilio, que garantizará la estancia del mayor en su entorno habitual el mayor tiempo posible sintiéndose  seguro, útil y pudiendo realizar gran parte de las tareas y actividades de su vida diaria durante el mayor tiempo, y las ayudas técnicas, que facilitarán la vida del adulto mayor en su hogar y su integración social, al mejorar su acceso a la salida del domicilio y la mejora en las relaciones personales (audífonos, sillas de ruedas, ascensores, rampas, sujecciones, etc…)

También sigue siendo necesaria la existencia de los lazos familiares, que conforman una red de apoyo que está demostrando funcionar muy bien en estos momentos de crisis y la ayuda a esta red familiar  por parte de la administración como fuente primaria de atención para las personas de edad.

Los tratados de derechos humanos más fundamentales incluyen el derecho a disfrutar del más alto nivel posible de salud física y mental y el derecho a no ser somedidos a tratos inhumanos o degradantes y a un nivel de vida adecuado y no discriminatorio para todos los ciudadanos. Con mayor razón debemos asegurar estos derechos para nuestros mayores, sean hombres o mujeres. Se lo han ganado.