El envejecimiento es un proceso natural que todos tendremos que enfrentar antes o después y desde luego no es causa obligada de problemas psicológicos, pero la existencia de problemas de salud asociados a la ancianidad como enfermedades agudas o crónicas, la pérdida de la fortaleza física y de la autonomía personal, la jubilación, el aislamiento, la escasez de recursos y la pérdidas de seres queridos, hacen de esta etapa de la vida un momento sumamente difícil.

El envejecimiento  es un proceso natural que todos tendremos que enfrentar antes o después y desde luego no es causa obligada de problemas psicológicos, pero la existencia de problemas de salud asociados a la ancianidad como enfermedades agudas o crónicas, la pérdida de la fortaleza física  y de la autonomía personal, la jubilación, el aislamiento, la escasez de recursos y la  pérdidas de seres queridos, hacen de esta etapa de la vida un momento sumamente difícil.

El entorno familiar y  sanitario que cuida al mayor en el domicilio o en instituciones tiene que estar muy alerta a los cambios anímicos del anciano. Los problemas psicológicos  son difíciles de entender y modificar si no se tienen en cuenta los factores personales, conductuales y sociales.  Las pérdidas familiares, estatus social y económico, junto al deterioro de la salud, producen situaciones de desadaptación,  pérdida de  autoestima y pueden devenir en un proceso depresivo.

Es muy importante estar atento a los cambios bruscos de carácter y a la tendencia a aislarse del anciano. Pueden ser síntomas de que el proceso depresivo está en marcha.

Apoyo, comprensión y compañía; junto a un diagnóstico precoz del problema, las claves para evitar un agravamiento.